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Tarzan de los Monos
¡AFRICA! ¡"El Continente Misterioso"! El país salvaje y exótico, cuajado de maravillosas leyendas, de las que toman argumento infinidad de narraciones, cuentos y novelas. Una de ellas, quizás la más conocida, nos habla de cierto matrimonio inglés, abandonado a su suerte por un grupo de marineros que los desembarcó en un ignoto punto de la costa occidental. Allí, Lord y Lady Greystoke, que así se llamaban los desventurados náufragos, tuvieron que enfrentarse con la naturaleza salvaje.
![]() Lord Greystoke construyó una cabaña para su esposa y su hijo recién nacido. Luchó como pudo para subsistir. Cazó, construyó toscos muebles, escribió un diario y vivió siempre con la esperanza de que algún buque inglés lograra encontrarles y los llevase de nuevo a territorio civilizado, donde reintegrarse a su cargo de funcionario inglés. Pero una noche, cuando las privaciones segaron en flor la vida de Lady Greystoke y el valeroso Lord había descuidado la vigilancia por causa del dolor que sufría, una tribu de monos antropoides, es decir, monos gigantes y los más parecidos al hombre que existen, mataron a Lord Greystoke y hubieran hecho lo mismo con el tierno hijo del inglés, a no ser por Kala, la mona noble, que se apoderó del niño y se lo llevó a la selva. Kala se convirtió en una verdadera madre para el niño. Lo alimentó, lo cuidó, le enseñó a trepar por los árboles y a procurarse alimento y a hablar el gutural lenguaje de los "manganis" (monos en el tosco idioma de la tribu). También le puso un nombre, el de "Tarzán", que quiere decir "Piel Blanca" y lo defendió contra el odio de Kerchak, el jefe y de Tublat (Nariz rota), su marido.
El comerciante inglés Parker, socio de Holt, estaba al frente del pequeño bazar que ambos poseían en el poblado y con el que comerciaban con los kalúas. Allí se dirigió corriendo el fiel riano, un simpático negrito que hacías las veces de criado y ayudante de Parker. Una noticia especial quería comunicar Riano a su amo, que tenía un significado particular para el veterano comerciante. La llegada de su hija Jane, que regresaba de Inglaterra tras haber terminado su educación.
![]() Parker estaba tomando un refresco cuando Riano entró acalorado y balbuciendo: "¡buana (señor), buana! ¡Ha llegado barco... ha llegado barco!" El comercianto lo miró con ojos cansinos, luego le contestó: "Está bien, enseguida voy". Pero no hizo el menor ademán de dirigirse a la puerta. Riano insistió diciendo: "Malas noticias, Buana, malas". Parker le miró con el ceño fruncido. "¿Malas?", preguntó. "Sí, Buana, tu hija oculta a watusi malo" contestó Riano, prosiguiendo: ""¡Muchas desgracias se preparan!" Parker dejó el vaso encima del mostrador y se acarició la barbilla pensativo. desde hacía algún tiempo, los kalúas mostraban abierta hostilidad hacia los blancos. Aquello podía ser la chispa que encendiera la hoguera de la violencia. Mientras, a bordo del barquito, Holt daba las órdenes oportunas para realizar la maniobara de amarre. Su semblante denotaba también preocupación, porque comprendía que en el ambiente se mascaba una tensión desagradable, expresada por el malestar de aquellos indígenas que miraban con manifiesta hostilidad la puerta del camarote en donde estaba refugiado el odiado watusi.
Ni la presencia de Parker sirvió para que se acallaran los gritos y amenazas. Todos los indígenas alzaban indignados el puño en dirección al barco. Querían que se les entregara al watusi para matarlo dando satisfacción a un vago y cruel instinto común de venganza. Parker apartó de un empellón a los más belicosos y embocó la pasarela. Jane, su linda hija, corrió tras él. Se fundieron en un estrecho abrazo. Eran muchos los años que habían pasado separados y durante unos minutos ninguno de los dos fue capaz de pronunciar palabra. Jane loraba de emoción. Parker, más curtido en los avatares de la vida, sentía sus ojos húmedos y su corazón henchido de cariño paternal.
![]() "Papa, necesito tu ayuda. Hay aquí dentro un hombre a quien los indígenas del río trataron de dar muerte", dijo Jane mientras se volvía hacia la puerta de su camarote. La masa de kalúas del embarcadero comenzó a gritar desaforadamente "¡watusi, watusi, watusi!" y aquel hombre odiado parecía aumentar la animosidad general. Holt, el socio de Parker, hizo retroceder a los más osados. Jane abrió la puerta y en el umbral del camarote se recortó la imponente figura de Watú, a quien la cariñosa Jane Parker había salvado de morir asesinado en manos de los massai o de los kalúas. Los gritos y las amenazas arreciaron, pero Watú se mostró imperturbable, como si su vida no corriera grave peligro o como si se resignara de antemano a lo que el destino quisiera depararle, con esa fatalidad propia de las mentes poco civilizadas.
Cuando los gritos alcanzron la máxima intensidad, un grupo de kalúas saltó a la cubierta, lanzándose alocadamente en dirección a Watú, el watusi. Querían destrozarlo, saciar en él su odio, asesinrlo a mansalva. Habían perdido tofo respeto a los hombres blancos y sólo ambicionaban apoderarse de su enemigo. Holt y Parker reaccionaron vigorosamente. Con suprema energía comenzaron a repartir mandobles a diestro y siniestro. Jane volvió a proteger al watusi. Sobre cubierta comenzó una violenta batalla campal. Los golpes se sucedían. El valor de Holt y Parker, ayudados por media docena de marineros leales hizo que los primeros atacantes kaluas retrocediaeran. Pero no por eso cejaron en su empeño...
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