Relatos
Eduardo Belaus eduardobel@hotmail.com
EL RÍO Y LAS ARENAS
Un río, desde sus orígenes en lejanas montañas, después de
pasar a través de toda clase y trazado de campiñas, al fin
alcanzó las arenas del desierto.
Del mismo modo como había sorteado todos los otros obstáculos,
el río trató de atravesar éste último, pero se dio cuenta de
que sus aguas desaparecían en las arenas tan pronto llegaban a
éstas.
Estaba convencido, no obstante, de que su destino era cruzar ese
desierto, y sin embargo, no había manera. Entonces una
recóndita voz, que venía desde el desierto mismo, le susurró:
"El viento cruza el desierto, y así puede hacerlo".
El río objetó que se estaba estrellando contra la arena, y
solamente conseguía ser absorbido, que el viento podía volar y
ésa era la razón por la cual podía cruzar el desierto.
- Arrojándote con violencia como lo vienes haciendo, no
lograrás cruzarlo. Desaparecerás o te convertirás en pantano.
Debes permitir que el viento te lleve hacia tu destino.
- ¿Pero cómo podría esto suceder? -Consintiendo en ser
absorbido por el viento.
Esta idea no era aceptable por el río. Después de todo, él
nunca había sido absorbido antes. No quería perder su
individualidad.
- ¿Y, una vez perdida ésta, cómo uno puede saber si podrá
recuperarla alguna vez?
- El viento - dijeron las arenas - cumple ésta función. Eleva
el agua, la transporta sobre el desierto y luego la deja caer.
Cayendo como lluvia, el agua nuevamente se vuelve río.
- ¿Cómo puedo saber que es verdad?
- Así es, y si tú no lo crees, no te volverás más que un
pantano y aun eso tomaría muchos años; y un pantano ciertamente
no es la misma cosa que un río.
- ¿Pero no puedo seguir siendo el mismo río que ahora soy?
- Tú no puedes en ningún caso permanecer así, - continuó la
voz.
- Tu parte esencial es transportada y forma un río nuevamente.
- Eres llamado así, aún hoy, porque no sabes qué parte tuya es
la esencial.
Cuando oyó esto, ciertos ecos comenzaron a resonar en los
pensamientos del río. Vagamente, recordó un estado en el cual
él, o una parte de él, ¿cuál sería? había sido transportado
en los brazos del viento.
También recordó - ¿o le pareció? - que eso era lo que
realmente debía hacer, aún cuando no fuera lo más obvio.
Y el río elevó sus vapores en los acogedores brazos del viento,
que gentil y fácilmente lo llevó hacia arriba y a lo lejos,
dejándolo caer nuevamente tan pronto hubieron alcanzado la cima
de una montaña, muchos pero muchos kilómetros más lejos. Y
porque había tenido sus dudas, el río pudo recordar y registrar
más firmemente en su mente los detalles de la experiencia.
Reflexionó: - Si, ahora conozco mi verdadera identidad.
El río estaba aprendiendo, pero las arenas susurraron: -
Nosotras conocemos, porque vemos suceder esto día tras día, y
porque nosotras, las arenas, nos extendemos por todo el camino
que va desde las orillas del río hasta la montaña.
Y es por eso que se dice que el camino en el cual el Río de la
Vida ha de continuar su travesía, está escrito en las arenas.
Juan Ignacio Bagnato - nacho@origimail.com.ar
Sucesos de un amanecer
De cabellos dorados recostada en la cama. Caliente brisa de
verano al amanecer. Sobre unas totalmente blancas sábanas que
juguerretean por entre su cuerpo a través del suave viento. Ojos
entreabiertos: una ventana de cristales invisibles que no
reflejan; posibilitan. Ojos entreabiertos: un paisaje verde
oscuro que se degrada hasta el cielo azul. Ojos entreabiertos: un
sol brillante, un picaflor y hojas que caen. Ojos entreabiertos:
la punta del dedo gordo. Una sonrisa comienza a dibujarse y los
brazos a estirarse con los puños cerrados. Paredes blancas,
cortinas blancas, sábanas blancas. La aguja se encuentra entre
los doscientos setenta y los trescientos sesenta grados. Ojos
cerrados. Rodillas flexionadas y los dedos del pie se contraen.
Se abren los puños. Las blancas sábanas juguerretean por si
solas. El techo es blanco, los marcos son blancos; el suelo es
blanco. Ojos entreabiertos: una casa se ve a lo lejos y un rio
fragmenta el paisaje. Ojos entreabiertos: tal vez una vaca, tal
vez una oveja. Los oidos se erizan brevemente; la suave brisa de
verano está silbando. Ojos cerrados. El cuerpo se voltea y sólo
una punta de las blancas sábanas continua dando volteretas.
Dientes contra la almohada. La sonrisa continua su trayecto. La
aguja se encuentra ahora entre los doscientos ochenta y los
trescientos sesenta y algo. Ojos entreabiertos: blancas sábanas
y una carcajada.
ALVARO JAVIER ENRIQUEZ - La Plata-Buenos Aires - enriquez@ciudad.com.ar
POCION DE AMOR
El negro Alvariño era un tipo de barrio,obsesionado por las
mujeres y siempre defraudado. Ninguna le daba bola y él se
sentía como el tipo más infelíz de la tierra.
Pese a que era bien parecido, aparentaba ser un tipo de no menos
de 25 años y eso a las minas no las atraía demasiado. Pero una
noticia que apareció en el diario habría de cambiar su vida
para siempre.
Leyó que las mujeres se sienten atraídas cuando un hombre se
pone una determinada fragancia que al propagarse en el aire hace
que ellas sientan un desenfrenado deseo sexual por el tipo que se
la pone, de una manera tan salvaje, que es imposible sacárselas
de encima.
El negro no lo pensó dos veces, averiguó el nombre del brebaje.
Se llamaba "Poción de amor", su venta era libre,
aunque había que conseguir los materiales para su fabricación.
Consiguió los ingredientes, pero le faltaba el principal. Era un
extracto de sustancias que despertaban el deseo sexual y la
férrea necesidad de conseguir un macho. Se conseguía en una
tienda naturista y venía en frascos designados para cada gusto.
Alvaríño estaba felíz y, creyendo haber tomado el frasco
correcto, salió corriendo sin leer de que se trataba, dispuesto
a elaborar el menjunje. Con la fórmula terminada, salió a la
calle a probar suerte, pero ninguna chica lo seguía. Cuando ya
estaba por darse por vencido, vio a dos morochas flaquitas y
sonrió exhibiendo sus blancos dientes.
Las chicas se rieron y siguieron caminando, se veía venir un
nuevo fracaso, pero algo mágico ocurrió detrás de él.
Las chicas se detuvieron en seco, sus cuerpos empezaron a
inflarse como globos, sus músculos estaban aumentando de
tamaño, crecieron a lo alto y a lo ancho. Sus anchísimos brazos
rompieron los vestidos, las venas estallaban por la presión. Los
pantalones quedaron deshechos y las piernas crecieron gruesas y
fibrosas, todo su aspecto cambió. Medían más de dos metros.
Los pechos adquirieron un tamaño colosal, a una le crecieron a
lo ancho, a la otra se le formaron dos inmensas bolas de carne
que rompieron sus corpiños. Como no tenían con que cubrirse,
usaron los jirones de sus vestidos.
Le gritaron al negro que ya estaba a media cuadra y el tipo se
dio vuelta, ¡no podía creer lo que estaba viendo! Dos monstruos
musculosos se estaban babeando por él, las llevó a su casa e
hicieron todas las cosas que uno se puede imaginar.
Desde entonces, el negro no se preocupa más por si las mujeres
le dan pelota o no. Tiene dos excelentes guardaespaldas que saben
complacerlo cuando el quiere y sin chistar. Ha encontrado el
verdadero amor.
Juan Ignacio Bagnato - nacho@origimail.com.ar
El futbol
Como todos bien saben, en Victoria, se encuentra la cancha de
Tigre. El futbol tiene en este barrio una clase de convocatoria
especial. Multitudes de personas concurren a ver a un equipo de
futbol que va a perder. Y es que es más común que el equipo no
gane, que si lo haga. Pero la escusa es el partido. Los amigos
aprovechan los domingos, para escaparse de sus mujeres, o novias,
y encontrarse en los bares o comprar cigarrillos en lo de el
Cabezón. La vana esperanza de que el equipo gane, es en estos
días escasa, pero el ritual sigue aconteciendo.
Claro, también están los desgraciados que dicen "me voy
para la cancha", pero en realidad van a otros sitios. Esa
gente no es del barrio. Se creé que es de San Isidro o Virreyes.
"La presencia en la cancha, es de por si honrrosa, por lo
que el sólo hecho de ir, es ya una gratificación personal"
declara el filósofo Jorge López, buscado todavía por la
Policia por tres asaltos a una misma ferretería. Eso era cierto,
porque mucha de la gente que iba a la cancha, no miraba los
partidos. Algunos se llevaban las cartas, y desde la tribuna
jugaban al truco, y porque no, al chinchon. Y según la moda,
también se llevaba el yo-yo, o el Tiki-taka. Los niños
intercambiaban figuritas de sus estrellas de futbol de otros
equipos, y los ancianos le relataban a otros ancianos lo bien que
jugaban antes.
La escencia de ir a ver a Tigre era más una reunión semanal con
los amigos que no se veían en toda la semana, que el resultado
del partido mismo.
Los jugadores desalentados, tampoco se esforzaban mucho por jugar
bien, pero se contentaban con ver también a sus amigos. Se
cuenta la historia, de un partido, en el que un jugador de Tigre
tenía que ir a sacar un lateral, pero se encontró con un amigo
de la primaria. Tardó tanto en sacar el lateral, que el partido
se suspendió, y Tigre perdió los puntos. No volvió a ser
titular más, pero se dice que se casó con la hermana de ese
amigo del colegio.
Leonardo A. Bruni - leobruni@movi.com.ar
HIELO
Como esta enorme roca
Llena de piedra
Tu tensa mandíbula
Rechinan tus dientes
Gastados y aceros.
Desbarata tus cabellos
El viento que trae el río
Y sobre los altos muros
De un Buenos Aires
Que corroe
Tus ojos grises se pudren
Por dar la espalda
A tu anhelo.
Te has vuelto, sin saberlo,
Un dígito en la encuesta.
Frío hierro, piedra y pared,
Frío filo del acero
Que es el Cáliz de la sangre
Que la ciudad requiere
De sus pobres navegantes.
Bosque de leyes sin ley
Rey de esta selva
El más corrupto es.
Recuerdos no tienes,
Las fotos lo han de traer,
Esperanzas, ninguna,
No esperas mas que comer.
Patricia Ferrero - pizzolon@arnet.com.ar
La Sed
Ella era muuuuy bella, única y
espectacular. Entre sus más raros placeres, gustaba de ir a
beber a las fuentes más ancestrales de la sabiduría humana;
aunque, por más agua que tomaba, siempre quería más. Cuando
estaba por abandonar su búsqueda, en un extremo de cansancio y
de escepticismo, se sentó a orillas de un bosque verde
esmeralda; y, casi sin proponérselo, cayó en un profundo sopor
en el medio del cual se le apareció una fuerte luz que le dijo:
"persiste y triunfarás", "quien renuncia a sus
búsquedas más profundas se queda con el hastío inevitable de
la superficialidad".
Cuando finalmente despertó había caído la noche en aquel
país, la había empapado el rocío y comenzaba a tiritar de
frío... todavía no entendía mucho de lo que significaría
aquél sueño, eso de luces que hablan no tenía mucho que ver
con agua o con su sed... Luego pensó en buscar refugio, antes de
pescarse una bronquitis, y fué así que llegó raudamente hasta
la casa del centro del bosque: la casa de los gnomos y las hadas.
La recibió un gnomo que había adoptado la imágen de una
vieeeeja anciana, expresamente para la ocasión; la cuestión es
que la tipa que llegaba, por más muerta de frío que se sentía,
le pidió muy amablemente la oportunidad de cobijarse, y tanto
insitió que la "vieja" la dejó pasar. Y fué tan
alegre, paciente y servicial que las hadas le revelaron las
respuestas a sus más profundos interrogantes, el gnomo que la
recibió dijo "yo la vi primero" y fueron muy felices
TODOS con TODAS sus sedes saciadas.
Sebastian Pierrot - SA_Pierrot@Ciudad.com.ar
Desde mi ataúd
En todo nacimiento llega un
alma a este mundo, y esta vez me tocó a mí. Como todo niño,
era inocente; no puedo quejarme de mi infancia. Y de un momento a
otro todo cambió. Ya no soy el mismo de aquel tiempo pasado,
aquel pibe que sólo se alimentaba de sueños, que quería
volar... Dicen que la verdadera educación proviene del hogar; yo
les puedo asegurar que es mentira. Mis padres me inculcaron en la
vida, y también me prepararon para ella... pero les fallé.
Llegué a mi adolescencia, la cual fue mi muerte. He cambiado, es
cierto, y mi madre advirtió esa metamorfosis. - ¡Hijo,
quédate!. Come - me decía - Flaco y pálido estás, no eres ya
el de la carita redonda, me haces padecer. Mi madre... ella
siempre rogó que nunca me enfermara, que sea siempre igual:
robusto, rosado, alegre y fuerte. Que no pase las noches de café
en café, pero Dios la castigó ¡Él sabrá por qué!
- ¡Quédate! - Me rogaba. Ella no comprendía. La calle me
llamaba y a la calle iba... solo o acompañado, vagabundeaba. Yo
tenía una pena que ella ni nadie comprendían; y estando en la
calle ¡Qué bien me sentía!. No era como en casa, triste como
siempre, con mis fantasmas que perturbaban mi corazón.
¿Qué cuál era mi pena?. No me acuerdo, pero era tan fuerte que
me obligaba a correr, a huir, a llorar...
- ¡Hijo, te quiero!, no te vayas. -. Suplicaba mamá. Yo le
respondía que sí, que también la quería, y no sabía por qué
ella lloraba... ahora lo comprendo.
Desde mi ataúd he pensado todas estas largas noches, he llorado
sin que nadie me oiga. Aquí, encerrado en esta caja sin poderme
mover, me arrepiento de no haber escuchado a mi madre... la
calle, la calle ¡Demonio del alma!.
Mamá: tengo deseos de volver a ser un chiquillo, que me abraces,
me mimes, me beses. Si pierdo el camino quiero que me lo
muestres; si estoy alegre, lo compartas conmigo.
Pero es tarde, má, y desde aquí abajo se escuchan tus llantos
que me atormentan... ¿No oyes?. Te grito fuerte, como huracán
enfurecido porque el sol lo ignoró. Yo te grito, mami, que no
llores por favor, me lastimas.
La calle, las drogas, la falsedad de quienes yo consideré mis
"amigos", la vida, el mar, todos... todos estuvieron a
mi favor y en mi contra; primero me lastimaron, luego me quemaron
hasta matarme. Y aquí, solo, quisiera llorar de nuevo. Pero mi
cuerpo está seco, seco de sangre y lágrimas. Mi piel no es la
misma, está un poco arrugada. Lo peor es que empiezo a divisar
uno que otro hueso, creo que me estoy pudriendo.
Tierra me echaron aquella horrible tarde del mes de Abril, con
una llovizna fuerte. Oí hablar a un cura sobre mi vida mientras
mamá lloraba desconsoladamente. Golpes fuertes y movimientos un
poco bruscos sentí en mi nuevo hogar.
Luego escuché a dos personas dialogar entre sí:
¿Leíste ese epitafio? - Dijo uno.
No - respondió el otro.
Escucha: "Que rara es la vida; cuando nací, yo lloraba y
todos reían; ahora que estoy muerto, todos lloran... y yo
río".
Y me sonreí, cumplieron mi última voluntad. Puedo empezar a
morir más tranquilo.
Quizás no comprendas mi mal, quizás es difícil de entender,
pero sólo puedo decirte que:
"Valora lo que tienes, no seas ambicioso. Ama lo que Dios te
dio y no lo que el diablo pueda llegar a ofrecerte. Pues verás
el presente marcharse como un pájaro en libertad. Haz de juzgar
sabiamente; no debes engañarte pensando que te durará lo que
esperas, porque nada es eterno por más que tú lo quieras.
Somos ríos que vamos a parar al mar, que es el cementerio donde
vamos a descansar. Las drogas y otras maldiciones a ningún lado
feliz te llevarán, más debo decirte que si las usas, tarde o
temprano terminarás junto a mí, aquí a mi lado, hablándole a
tu madre y a tus amigos, reprochándote hasta volverte loco. ¿Y
sabes qué?, la culpa sólo es del maldito orgullo que escondemos
cada uno de nosotros en el corazón."
Gerardo Valenti - RO@Southlink.com.ar
Caligrama
Había un bar en Flores donde
se reunía un grupo de muchachos que lloraban penas de amor. Eran
los Muchachos Tristes que lloraban sus amores imposibles.
Contaban allí a los demás sus esfuerzos por conquistar los
corazones de las niñas de sus sueños y la pertinacia de estas
en rechazarlos. Al recordar esos rostros de mármol a la luz de
la luna, sus almas se retorcían exprimiendo de ellas amargas
lágrimas que bañaban los rostros enamorados y llenaban los
vasos vacíos enfrente de ellos. Un día, el mozo, compadecido de
aquellos infelices, les ofreció el Licor del Olvido que guardaba
secretamente en la piecita del fondo. Ellos
dudaron un poco, pero al final ce dieron es perando en contrar
allí algún alivio para aque llas penas.
El licor
fue como un bálsamo para
las almas heridas
Y olvidaron la crueldad de aquellas muchachas y se olvidaron de
las penas y cantaron canciones zafadas y rieron y por primera vez
en mucho tiempo se sintieron nuevamente felices y jamás
regresaron allí.
Hay en Flores un bar donde se reúne un grupo de jovencitas que
lloran penas de amor. Son las Novias Olvidadas que lloran a sus
pretendien tes desaparecidos. El mozo saca una botella de licor
mientras contempla a las muchachas con ojos de enamorado.
El encuentro: - Nicolas Bagnato
Un hombre camina solo por un barrio cualquiera.Lo acomete la idea
de estar siendo observado.
Mira a su alrededor, para exonerar esta inquietud.Nada. Ni la mas
minima presencia de un extraño.
Continua con un rumbo incierto , pero acelera el paso. Aliviado
por esta idea, nace otra peor:
que alguien lo está llamando desde algún lugar.
Camina en dirección a la estación de trenes. (todos caminamos a
la estación cuando alguien nos llama, no sé por qué)
Docenas de individuos se empujan para ingresar lo antes posible
al tren. En menos de dos minutos todo es desolador. Pero una
muchacha de cabello oscuro a decidido permanecer en el andén.
Nuestro caballero se acerca y pregunta con tono de sorpresa:
-¿Esperaba a alguien?
Ella lo mira sonriente y responde delicadamente:
-A vos
-¿Me conoce?
-Claro, ¿no buscabas a alguien?
-¿Cómo lo supo? ¿qién es usted?
La mujer lo toma de la mano.
-Acompáñame, quiero mostrarte algo
Caminan dos cuadras y se paran en la esquina
-Mirá (dice ella) aquel hombre ahí enfrente
-¡Pero soy yo! (responde asustado) no entiendo nada
-Estas muerto y esto es el cielo. Un cielo pensado para vos.
Seguime.
Nuevamente en la estación, se repite lo mismo.
-¿Cuál fue la razón de mi muerte? (pregunta sollozando)
-Es simple; (dice ella) Soy la mujer que buscaste a lo largo de
tu vida. Soy la mujer por la cual te sumergiste en la tierra de
la literatura. Por la que un día decidiste andar todos los
caminos para ver si me encontrabas.
Por la que sabías que la vida valía menos que el amor.
Y el que me encuentra se muere por que no existo en este mundo.
Soy el amor de tu vida, mi buen amante y tu recompensa es la
eternidad.
Pues aquí me tienes, soy toda tuya.
-Sin duda esto es el cielo...; ahora que sé qien eres no se si
pueda amarte. Quiero seguir soñando, seguir buscandote aunque la
busqueda me lleve toda la vida. Ademas , no he andado lo
suficiente como para recompensarme de esta manera...
Devuelveme a la tierra de los que buscan el verso perfecto por
mas que no lo encuentren nunca.
La mujer (un poco triste) le concede el deseo y lo regresa al
instante en que él la vio por primera vez.
*En menos de dos minutos todo es desolador. Pero una muchacha de
cabello oscuro a decidido permanecer en el andén.
Nuestro caballero se acerca y pregunta con tono de sorpresa:
-¿Esperaba a alguien?
Ella lo mira sonriente y responde delicadamente:
-Si, al tren de las ocho.