|
Esas callecitas detrás del
Mercado Norte tienen un no sé qué... sobre todo cuando hace un frío
para amansar pingüinos. Las locas y los travas no son el problema.
El problema, son los amigos de lo ajeno; que aprovechan la noche de
frío para dejar calentito a más de uno, afanándole la billetera.
Ni lerdo ni perezoso, emboqué los pocos morlacos que tenía, en el
bolsillito chico y enfilé para Captain Blue.
Todos temimos por el escaso público que podía haber, teniendo en
cuenta el frío del que recién les hable y la fecha del mes en que
estamos. Sin embargo, se pudo lindo. La verdad, tenía muchas ganas
de escuchar a PIER, porque nunca los había visto en vivo. Y sonó
muy bien. Las guitarras y la voz del cantante tienen un aire
ricotero ineludible de comparar; pero lejos del misticimo que
envuelve a los Redondos, los de Pier son más emocionales, más
efusivos, más ligados al rocanrol tradicional y suenan más fuerte.
Tanto como para romper el hielo de esa noche helada y casi completar
la pista. Sobre el momento en que la banda empieza a tocar, apareció
la gente de la nada. Abrieron con Banquete, tema de su primer disco
(los temas fueron convenientemente coreados por multitud de pibes de
San Francisco munidos de banderas y de algún lugar de Buenos Aires
del cual no puedo acordarme).
El recital transcurrió en dos series de canciones. Sobre el final
alcanzó un alto nivel emotivo, ya que la banda disparó sus hits
"De andar elegante" y "Sacrificio y Rock
&Roll". Y cerraron, como no podía ser de otra manera, tras
el coreo insistente del público con "La ilusión que me
condena".
Cubrí totalmente mis espectativas de escuchar Pier. Iba con la idea
de escuchar los hits del final; pero me encontré con canciones muy
buenas, tocadas con mucha fuerza en un recital que se mantuvo arriba
siempre y tuvo un final a puro grito y rocanrol.
|
|