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El local estaba lleno. Ya minutos antes de empezar La Coca Fernández (y luego de La Tractora) era difícil transitar por Captain Blue. Ya que la platea improvisada en las escalinatas impedía el paso hacia la pista frente al escenario. (Ni qué decir pa'l baño). Un aroma reggesero invadía las cercanías a los sanitarios. En la barra, las cervezas iban y venían. Iban llenas hacia las gargantas sedientas de un público caldeado por la temperatura insoportable del local. Y por la temperatura emotiva, que desbocaba de ganas de escuchar buena música. Entre el público de La Coca y el de Karamelo Santo hay una diferencia. Aunque Karamelo pueda tener una base reggae, tiene más matices de música popular. Incluso podría decirse que la gente que sigue a esta banda va más predispuesta al baile. En cambio, el de La Coca, es un público adepto, gente que conoce las canciones, se copa con los estribillos y, cada tanto, se mete en esos saltitos reggae que configuran una especie de ritual. La Coca se pone mucho las pilas en el escenario. Van al frente y no se guardan nada. Quizás sea eso lo que le copa a la gente que, además, se identifica con las consignas antisistema, anticapitalista y de resistencia del grupo. Karamelo Santo tocó aproximadamente una hora y media de ritmo frenético que despertaba al más dormido. Fue ese un público inquieto que bailó y coreó casi todos los temas en ese estilo reggae cuartetoso y cumbiero. Sobre el final, adelantaron temas de su próximo disco, a editarse de forma independiente. La Coca podría haber durado un poco más...
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POR ALEJO
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