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JURAMENTO

Al_Azif | 21_05_2004

Hay en Juramento dos estilos para hacer música. Uno es el de los ritmos y melodías cambiantes, como párrafos diferentes dentro de un mismo texto, que les da un aire interesante de experimentación. El otro es el del caballito tatatá tatatá tatatá, machacante, rápido y furioso, que generalmente dejan para los últimos temas. De este lado preferimos el último, que es cuando se nota en Juramento una banda increíble con una base poderosa que se siente en el pecho. Le da mucha más homogeneidad al mensaje musical y, sobre todo, permite el lucimiento del cantante. En los temas multirítmicos, la voz se vuelve neutra, hasta parece que le cuesta encontrar el camino. En cambio, cuando se esfuerza, se pone más cavernosa o se eleva un par de notas (sin llegar necesariamente al agudo), se nota calidad y mucho laburo. 
Juramento presentó su nuevo guitarrista (Gustavo), que parece haberse ocupado de los agudos y los rápidos en una banda que no se caracteriza por darle demasiada importancia a las demostraciones de virtuosismo. El nuevo violero encuentra su espacio en pequeños momentos que le son suficientes para demostrar que sabe y mucho, a pesar de tener pocos ensayos encima. Por otro lado, y esto a título personal, un tipo que toma cerveza y sigue tocando con las dos manos al mismo tiempo, ya merece atención.
En escena no ofrecen demasiado movimiento y se dedican más a tocar. De parte del público, se nota interés y gusto; sobre todo teniendo en cuenta que fue la banda que logró agolparlos a todos frente al escenario. Por desgracia, aún atenta a la música, la gente estaba un poco fría (por dentro y por fuera).

 

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