Se habló de que Estelares llevaba muchas chicas. Quizás no sea tan cierto, porque había de todo. Lo que sí es verdad es que apenas si podían caber un par de alfileres más, un poco apretujados. Es que la banda está reafirmando su condición de convocante cada vez que se presenta en Córdoba.
Un show de Estelares no decae jamás. Todos los temas tiene el toque de ritmo justo para generar en el público un desenfreno al mejor estilo de una banda de rock: gente saltando, agitando, gritando, cantando... Y cuando la cosa se pone más tranquila es la gente la que toma la posta del cantante, que queda relegado a un segundo plano frente al coro que, ahora sí, es predominantemente femenino. Y no hace falta conocer demasiado las letras: es que son tan pegadizos que, con una vez, te es suficiente y ya salís sabiendo al menos los estribillos.
Lo curioso de Estelares es su música de buen ritmo, rapidez y fluidez. Tan raro resulta esto en épocas de pop lo fi, que es casi imposible encontrar una banda con estilo parecido que pueda oficiar de soporte.
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