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Es un orquesta hecha y derecha, con predominio de vientos: saxos, trombones, trompetas, guitarras, contrabajo... hasta que te perdés al ver tanta gente sobr el escenario. Y ninguna voz humana. Salvo que pongamos a los vientos en su lugar. Y así llegamos a tener una banda que genera en el público un fraseo, un murmullo para acompañar el ritmo. El repertorio es amplio, desde el reggae hasta el jazz y el soul, apto para los que quieran disfrutar de una música cadenciosa que se mete por los poros. Eso sí, a veces cansa. Cuando toca la segunda línea de instrumentos (cuando se callan los vientos-voces) se vuelve bastante
tedioso. Incluso, suenan más como una banda de fondo, de esas que no te
molestan para hacer otras cosas mientras están sonando. En contrapartida,
cuentan con músicos experimentados que, en unas notas, pueden hacer
estallar a la platea en gritos y aplausos. DANCING MOOD es un grupo para
escuchar, no cabe duda; pero hace falta muy buena predisposición para
disfrutarlo con todo el cuerpo.
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