|
Noche húmeda, llovizna persistente que hacía aún más pesado el ambiente. La tribu heavy amohosada en las puertas de la Vieja Usina, se aprestaba para vivir un ritual ineludible. Sin banda soporte (¿qué pasó con Alquimia y Praxis?) Almafuerte salió a escena. Una escena que no guardaba más misterios que la propia estampa del cantante y la predisposición de un público que comulga con las ideas nacionalistas y enarbola banderas. La presencia federal la denotaban las distintas banderas de Arroyito, Marcos Juárez, Tucumán...
El recital transcurrió en dos segmentos de canciones en las que el grupo intercaló temas de ULTIMANDO (por ejemplo: Yo Traigo la Semilla, Del Fumador, Todo es en vano si no hay amor - con el que abrió-) y los himnos de siempre que movieron al pogo masivo (entre otros: Homenaje, Si me estás Buscando, A Vos Amigo).
Uno se pregunta ¿qué carajo tienen Iorio y Almafuerte para que su gente se abstraiga de esa manera al escucharlo? Asistimos asombrados a un espectáculo en que, la devoción, deja de lado el espíritu crítico sobre la música y se entrega de lleno al disfrute que propone el ritmo frenético (Pulpero), o el karma penetrante de algunos temas no tan emparentados con el género. Esto último no tiene tanto que ver con el heavy en sí, sino con una impresión magnética que dan la voz y el sonido del grupo en cada tema (Convide Rutero). Se trata de seguir una trayectoria que trasciende las formaciones y tiene como hilo conductor las ideas y la impronta de Ricardo Iorio.
Aunque el cantante se mostró reacio a revivir viejos éxitos: "Yo voy a la guerra a luchar y no a morir", fue casi inevitable negarle al público uno que otro clásico de Hermética o V8.
En definitiva, el recital brindado por Almafuerte fue una confirmación de la excelente performance del grupo en Cosquín, donde todos nos quedamos con ganas de escuchar más temas.
|
POR ALEJO
|