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Lo primero a destacar (en lo escénico)
es la técnica de agite de piojitos que posee el cantante: quietito,
un poco agachado como para atajar un penal y sólo movimiento de
cabeza al ritmo de ametralladora que larga la guitarra. Podríamos
acusar a Abismal de que sólo ofrece ritmo y velocidad; pero tienen
un buen manejo y conocimiento de qué es lo que te mueve, lo que te
llega, lo que te hace gritar ¡hey! ¡hey! con los cuernitos en
alto. Volviendo al cantante, se puede decir que pertenece a la mejor
escuela de agudos (al gusto de quien escribe esto), que es Academias
O'Connor, aunque muchas veces cae en un tono neutro que le resta
llegada al oído del público. Aún así, la fuerza que aporta, la técnica
vocal cuando va más alto y la forma en que prolonga las notas
mientras la banda cambia de ritmo por detrás, le da a Abismal un
plus de crédito. Y esto es reconocido por la gente que, si bien no
era demasiada (teniendo en cuenta el tamaño del lugar), sí
demostraba que la banda podía llegarles con su música: algunos
pogos aislados, mucho cuernito y buenos aplausos.
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