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VARICELA

Aeropuerto

Aeropuerto está cargado de melodías maravillosas, como en "Magia en el Aire" o en "Tu y Yo". Tiene la presencia estelar de "Princesa (del indie)", ya elogiada hasta el hartazgo en esta revista y en otras. Tiene una flauta traversa y un violín que otorgan una dulzura tremenda en algunos temas. Y tiene una relación edulcorada con el amor, la temática recurrente del género.
Desde afuera, cabe preguntarse si el pop no puede cantar sobre otros temas. Desde adentro, Varicela no puede renegar de la tradición; pero ejerce la epistemología y se pregunta "qué puedo decir para escribir otra canción". Y parece no haber respuesta, al punto de declararse completamente perdidos cuando Sayán decide "escribir una canción para ahogarme... una canción que me coma". No deja de ser un gran hallazgo. La música y el amor son una y la misma cosa. Y allí está el descubrimiento de Varicela: la música como instancia suprema, de unión casi religiosa con el infinito. En un principio, decir "una canción que me coma" es lo mismo que buscar hacerse uno con ella. Por eso, no es raro que se agreguen otras dos frases en distintas canciones para redondear esa idea: "si me vuelvo canción, yo me siento inmortal" y "somos melodías... los dos una canción de amor". Un misticismo que puede llevar al punto máximo de perder la identidad y el control "me perdí... me volví amor", cantan y (parece) se lamentan. Se trata de embarcarse en un viaje peligroso en un "Avión de Miel" que puede caerse. Quizás por esa razón no dejan de tener los pies en la tierra, de preocuparse por no perder la realidad, por pedir "arreglame el pantalón... me queda mal, me queda mal". 

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