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Ya desde el primer tema se puede vislumbrar algo espectacular. La fuerza de rocanrol que escupe hacia todos lados te hace sacudir demasiado para ser la primera vez que uno los escucha.
Si lo vas a comprar, ponelo bajito y alejate, porque te peina para
atrás. Lo particular de todo esto es que el disco entero es de artesanía casera, grabado por gente sin demasiada idea de manejo del sonido. Sin embargo, salvo por algunos problemas en el volumen de las voces, termina siendo perfecto en casi todos los aspectos. Las letras se llevan, necesariamente, una mención especial: poca repetición y mucho contenido para conformar una visión del mundo del rock. Amén de Gastón Ratón, una canción escrita con profundo dolor que, cuando se comprende su razón de ser, no se puede evitar que se te cierre la garganta. Hay un escaso manejo de los estribillos, apenas una repetición de algunos pasajes de las letras y todo surcado por una base fenomenal (que le da a la banda toda su fuerza) y unas melodías que, no por violentas, dejan de ser pegadizas. En definitiva, y para hacerla corta: ¡Qué pedazo de banda!
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